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El punto de ruptura

Llevo una temporada larga dando vueltas a ese concepto. Sé que prometí mantenerme al margen de las noticias y la actualidad porque sólo depara desolación y mala hostia, pero me he visto superado por los acontecimientos.

No me voy a molestar ni en mencionar los motivos. Que cualquiera agarre un periódico de los últimos ¿doce, quince, dieciocho? meses y se los busque. Sólo tengo clara una cosa, y es que ya hemos pasado el punto de ruptura. Esta idea representa ese punto en el que la gente mira a un lado, al otro, al frente y decide que está hasta la polla de que se rían de ella en su puta cara.

Tuvimos nuestro momento (15-M os estoy mirando a vosotros) y se pasó sin pena ni gloria. A partir de entonces los 4 poderes (o 5 según leo por otros sitios) saben que pueden hacer lo que les salga de sus todopoderosos cimbreles que no vamos a reaccionar en consecuencia.

Y como nota comento, colaboré con ese movimiento en sus inicios, cuando creí que podría haber valido de algo. Pero desde el momento en que a la prensa y los políticos se les pasó el canguelo y comenzaron con la difamación más burda (y que coló) el movimiento que podría haber causado que en el punto de ruptura se hiciera algo grande de verdad quedó en agua de borrajas. Me niego a insistir que las razones que dieron los poderes eran mentira; la gente se las creyó y a la larga es lo que cuenta.

Sinceramente puesto que ya se había desprestigiado la idea habría que haberles dado motivos para temer al monstruo que querían que se creyera que éramos. No sé, quemando unos cuantos bancos, corporaciones, agencias económicas, bolsas, sedes políticas, parlamento, senado, y un larguísimo etcétera.

Pero no se hizo.

Desde ese punto se han dedicado a meternos palos por el culo bajo órdenes de Europa (a.k.a. los bancos alemanes y su guiñol público, la señora Merkel) o sólo por joder (que también se les da bien). ¿Y qué ha pasado? Nada. Hay descontento pero la gente está acojonada y no se menea por si no salen en la foto. Y los poderes lo saben. Y les gusta.

Han recibido la confirmación que querían para terminar de ventilarse lo poco que quedaba de "democracia" en Europa y convertirnos a todos en sus esclavos. Desde ese punto de ruptura hasta hoy todos los pasos que se han dado (y los que están por venir) tienen como único objetivo hacer de los ciudadanos siervos de las corporaciones, que a la sazón son quienes dictan las normas.

¿O queda algún iluso que crea que los recortes sufridos son algo bueno para la gente? A fin de cuentas son para recuperar la senda del crecimiento. Sí, del crecimiento económico; a la gente nos pueden ir dando por culo. Otra vez más.

La democracia está muerta, enterrada y se han cagado en su tumba. Pero todavía nos negamos a verlo.

Y nos lo hemos ganado. Tenemos los gobernantes que nos merecemos.

Ya para finalizar, repetir una cita muy conocida de Benjamin Franklin, con la que no puedo estar más de acuerdo:

"Aquellos que pueden dejar la libertad esencial por obtener un poco de seguridad temporal, no merecen, ni libertad, ni seguridad."

Y pensar en lo que pudo ser y no fue no ayuda...

Vlad se mueve

Vuestro buen anfitrión ya no se encuentra en su residencia habitual. Es uno de los motivos por el que ésto ha estado tan abandonado. El otro es que me daba pereza y no tenía ganas de encabronarme con las cosas que pasan. Resulta que ahora ando ubicado en la costa levantina, Barcelona más concretamente, por razones laborales, blablabla, nada que no sepáis ya. Lo que no sabéis son las cosas que pasan día a día en esta ciudad de tarados.

Entiendo que es una ciudad mucho más grande que mi anterior residencia, pero ayer mismo hablaba con Miguel al respecto; el porcentaje de taradez parece ser mayor aquí. Desde pandilleros que te rodean en el metro sin mayor intención que darte un high-five, a señores mayores que te cuentan su vida (por falta de nietos), pasando por señoras que se indignan si no conoces el recorrido de la línea de metro en la que estás (Miguel's fact). Curiosamente después de comentar lo relativo a los tarados nos abordó una borracha en potencia (y potencial) preguntándonos si teníamos un peine. Olé sus ovarios remojados en mojito (que contó que se había pimplado un litro, el olor a ron del aliento parecía confirmar dicha teoría).

Ayer experimenté por segunda vez, por zona diferente, cómo es la vida nocturna aquí los fines de semana. Y es rara de pelotas. No puedes dar cuatro pasos sin que te intenten vender latas (o hachismarihuanacoca, así todo junto macerado tras transformadores) o te asalten repartidores de flyers y promociones, sin olvidarse de los guiris mamados a sangría que no saben ni dónde les queda el hotel. Por otra parte volver a casa andando después (porque estaba realmente cerca) cruzando el Rabal (Rabalistán para los entendidos) es toda una experiencia que intentaré no repetir en la medida de lo posible. Esquivar vendedores ambulantes, putas que te llaman a silbidos y "Relaciones públicas" repartiendo flyers a diestro y siniestro es bastante cansado y más si a esas horas ya está uno con la pierna un poco resentida.

En principio parece que lo que viene siendo adaptarme lo he hecho de puta madre, la gente me pregunta cómo ir a los sitios y hasta a veces sé responder. Y ahora que por fin ya tengo un piso compartido en el que aposentarme, puedo retomar esto con algo de ganas. Hay muchos pequeños detalles que se me escapan, pero en general creo que el cambio ha sido para bien: la ciudad me gusta, el trabajo es entretenido y los compañeros (tanto de piso como de curro) son gente maja con la que se puede charlar. Si además de vez en cuando recibo visitas, resulta que al final se está de puta madre.

Y aquí no hace frío.

Me hace mucha gracia, que procuro no expresar visiblemente, ver a la gente con cazadoras, guantes y bufandas cuando hay 10º de temperatura. En serio, les querría yo ver con nuestros -5º todas las mañanas en invierno. La escena sería para desorinarse de la risa.

Próximamente más peripecias de vuestro anfitrión en la Ciudad Condal, que al ritmo que pasan las cosas no dudo que esto dé para mucho.